Te lo decimos sin rodeos: la mayoría de los negocios compran la fregona equivocada. No porque sean malos compradores, sino porque nadie les ha explicado para qué sirve cada una. Vamos a arreglarlo en cinco minutos.
La fregona de algodón: la clásica de toda la vida
La fregona de algodón es resistente, aguanta bien el calor y se lleva genial con los productos de limpieza más agresivos. Es perfecta para suelos rugosos, grandes superficies industriales o zonas de obra donde necesitas arrastre y dureza. Su punto débil: retiene bacterias con más facilidad si no se lava a menudo, y tarda más en secar.
La fregona de microfibra: la que lo cambia todo
La microfibra es una pequeña revolución. Sus fibras ultrafinas capturan suciedad, grasa y bacterias de forma mecánica — sin necesidad de usar grandes cantidades de producto. Seca más rápido, pesa menos y deja el suelo sin rayas. Ideal para hostelería, clínicas, gimnasios o cualquier lugar donde la imagen del suelo importa.
Con microfibra puedes limpiar igual de bien usando hasta un 80% menos de producto químico. Eso es dinero en tu bolsillo.
¿Y si uso la equivocada?
Si usas microfibra con productos muy concentrados o lejías fuertes, estás dañando las fibras y perdiendo eficacia con cada lavado. Si usas algodón en una cocina de restaurante donde necesitas higiene máxima… estás trabajando el doble. La clave no es cuál es mejor, sino cuál es la correcta para cada uso.
En Valquim tenemos los dos tipos, en varios gramajes y colores para que puedas codificar por zonas. Cuéntanos cómo es tu espacio y te ayudamos a elegir.





